Ensayos a campo bajo riego y secano en Balcarce demuestran que la combinación de urea con inhibidor de ureasa más aplicación fraccionada reduce hasta un 80% la volatilización de amoníaco, sin afectar el rendimiento.
Iglesias, M.P. · Wyngaard, N. · Lewczuk, N. · Sainz Rozas, H.R. · Toribio, M. · García, F.O. · Reussi Calvo, N.I.
El nitrógeno (N) es el nutriente que más limita el rendimiento del maíz en los sistemas agrícolas pampeanos. Sin embargo, menos del 50% del N aplicado como fertilizante es recuperado por el cultivo durante la campaña. El resto se pierde por lixiviación, volatilización de amoníaco (NH₃) y emisión de óxido nitroso (N₂O), un potente gas de efecto invernadero.
Estas pérdidas tienen doble impacto: económico, porque reducen la eficiencia de la inversión en fertilizante, y ambiental, porque contribuyen a la acidificación del suelo, la eutrofización de cuerpos de agua y al cambio climático. Actualmente existe una necesidad concreta de identificar estrategias de manejo que reduzcan estas pérdidas sin comprometer la productividad del cultivo.
Las preguntas centrales de este trabajo fueron: ¿Qué fuente de N conviene usar? ¿Vale la pena fraccionar la fertilización? ¿Cuánto pesan estas decisiones en el costo ambiental real de la fertilización?
El estudio se realizó durante dos campañas consecutivas en Balcarce (Buenos Aires), con mediciones directas en el campo: pérdidas de gas, contenido de N en suelo y rendimiento en grano. Los tratamientos combinaron cuatro fuentes de N con dos estrategias de fertilización, bajo dos regímenes hídricos.
Balcarce, Buenos Aires · Argiudoll · Siembra directa · Campañas 2022/23 y 2023/24
Urea · Urea-Limus (inhibidor de ureasa) · Urea-DMPP (inhibidor de nitrificación) · CAN (nitrato de calcio y amonio)
Dosis única a V4 (200 kg N ha⁻¹) vs. fraccionado: 60% a V4 + 40% en floración (R1)
Bajo riego (841–807 mm totales) y secano (564–539 mm), con medición de balance hídrico
Medición diaria en campo con cámaras estáticas semi-abiertas durante todo el período post-fertilización
Cámaras estáticas ventiladas con cromatografía gaseosa · 14 momentos de muestreo por campaña
Pérdida acumulada neta de N-NH₃ (% del N aplicado) · promedio entre regímenes hídricos y campañas
El rendimiento no se vio afectado por la fuente de N ni por la estrategia de aplicación. Todos los tratamientos fertilizados produjeron entre 8 y 19 t ha⁻¹ según la campaña y el régimen hídrico, con respuestas al N de 2,4 a 4,7 t ha⁻¹. Esto confirma que es posible reducir las pérdidas gaseosas sin sacrificar productividad.
Las emisiones de N₂O fueron muy bajas en ambas campañas (factores de emisión de 0,01 a 0,14% del N aplicado), muy por debajo del valor de referencia del IPCC (1%). Ningún tratamiento mostró diferencias significativas en las emisiones de N₂O, aunque el inhibidor de nitrificación (Urea-DMPP) mostró una tendencia hacia menores pérdidas (−8 a −55% respecto a urea) que no fue estadísticamente significativa. Las condiciones de humedad del suelo (%WFPS) fueron el principal factor controlando las emisiones de N₂O.
Aplicar el 60% del N a V4 y el 40% restante en floración (R1) redujo en promedio un 31–43% la volatilización de NH₃ en los tratamientos con urea. Este beneficio ambiental no tuvo ningún costo sobre el rendimiento en grano, que no difirió entre estrategias de fertilización. El fraccionamiento permite además ajustar la dosis a la situación del cultivo y el pronóstico climático de la campaña.
La combinación de Urea-Limus con fraccionamiento fue el tratamiento con menor volatilización en todas las campañas y regímenes hídricos (∼2% del N aplicado). Si la meta es reducir pérdidas gaseosas y el costo ambiental de la fertilización, esta combinación es la estrategia más efectiva. El inhibidor de nitrificación (DMPP) no mostró ventajas sobre la urea convencional en reducir la volatilización.
Los costos ambientales variaron de 1,1 a 108,6 U$S ha⁻¹, siendo la volatilización de NH₃ la que explicó entre el 17 y el 99,5% de ese costo. La urea completa presentó los costos más altos, mientras que Urea-Limus fraccionada o CAN fraccionada mostraron los menores impactos económico-ambientales. En un contexto donde la presión regulatoria sobre las emisiones agrícolas aumenta, esta información tiene valor concreto para la toma de decisiones.
El nitrato de amonio calcáreo (CAN) mostró pérdidas de NH₃ equivalentes a Urea-Limus, y costos ambientales similares en este estudio. Sin embargo, al ser una fuente predominantemente nítrica, tiene mayor potencial de lixiviación de nitratos, pérdida que no fue medida en este trabajo. Vale tener presente que el costo ambiental real del CAN podría ser mayor si se consideran las pérdidas por lavado, especialmente en situaciones con alta recarga hídrica.
Los factores de emisión de N₂O registrados en Balcarce (0,01–0,14%) están muy por debajo del 1% asumido por el IPCC para la región, lo que sugiere una sobreestimación de los inventarios de gases de efecto invernadero para la Pampa. Las emisiones de N₂O dependieron más de la humedad del suelo (%WFPS) y la temperatura que de la fuente o estrategia de fertilización, por lo que el manejo del N tiene menor impacto relativo sobre este gas en comparación con la volatilización de NH₃.
Más allá del beneficio ambiental directo, el fraccionamiento abre la posibilidad de ajustar la dosis de N del segundo momento (floración) según el estado real del cultivo, las lluvias acumuladas y el pronóstico climático. Estudios de simulación muestran que esta práctica puede mejorar la eficiencia de uso del N en distintos escenarios climáticos, sin comprometer el rendimiento ni en ambientes de alto potencial ni en años con déficit hídrico.
En este estudio, las pérdidas por NH₃ explicaron la gran mayoría del costo ambiental total de la fertilización en maíz. Esto ubica al manejo de la volatilización —a través del tipo de fuente y el fraccionamiento— como la palanca de mayor impacto para un productor o asesor que busca reducir la huella ambiental de la fertilización sin resignar rendimiento ni margen económico.